El aprovisionamiento de agua dulce en la Madina Laqant. Primero se trajo el agua

Publicado en GeoAlicante 2015  por Verónica Quiles

Introducción

La ciudad a lo largo de la historia ha sido el escenario de la actuación de distintas civilizaciones que han ido tejiendo un paisaje acorde a las necesidades. Las sociedades marcan en el territorio su impronta cuya especialización determinará la fisonomía del paisaje que, unido a las inclemencias de la naturaleza que en ocasiones también dejan huellas en él, serán los responsables de las transformaciones paisajistas que sufre la tierra a lo largo del tiempo. Las diferentes culturas han dibujado en el imaginario colectivo monumentos culturales representativos y costumbres y tradiciones que se han transmitido de generación en generación y que son propias de cada espacio. Por tanto, estas expresiones patrimoniales materiales e inmateriales, son las que conforman las señas de identidad de cada sociedad. Para el caso de Alicante y la sociedad alicantina, no se puede negar que las fiestas de Les Fogueres, La Explanada de España, el Puerto y el Benacantil con su Castillo, son los símbolos más representativos de la ciudad. Este artículo prima la atención hacia el aprovisionamiento de agua dulce en la villa andalusí desde el monte Benacantil en el siglo IX d.C. y del periodo correspondiente a la madina Laqant.

El conocimiento de la arqueología alicantina que tenemos actualmente sobre la urbe musulmana o madina, es relativamente nuevo y se concentra prácticamente en los últimos 30 años. El agua, elemento indispensable para la subsistencia, es escasa en estas tierras. La conducción de agua dulce a esta zona fue vital y se garantizó mediante una sofisticada red de construcciones hidráulicas que trasladarían el agua de manantiales alejados a este nuevo espacio donde construir la nueva urbe. Los habitantes posteriores se han beneficiado de esta ingeniería hídrica prácticamente hasta nuestros tiempos. Parte la ciudad histórica se ubica en lo que fueron huertas periurbanas de la madina.

Emplazamiento y toponimia

La Plaza de Santa María, ha sido el telón de fondo de sucesivos hechos históricos. El origen de este entorno fue creado por la población andalusí alrededor de la madina Laqant y su alcazaba, cuyo nombre vendrá heredado de la vecina Lucentum romana, emplazada en el Tossal de Manises de la Albufereta de Alicante. Pero los últimos hallazgos arqueológicos encontrados en los solares a la calle Villavieja, nombre conservado de la toponimia medieval cristiana Vila Vella, hace replantearse el origen de la ciudad.

Volviendo a las ciudades, la romana (Lucentum en la Albufereta) y la árabe (Laqant en Villavieja), no coinciden como tal ni topográficamente ni cronológicamente, ya que se encuentran separadas por la Serra Grossa o de San Julián y por más de 400 años. Existe numerosa bibliografía que abre nuevas hipótesis que cambian la visión que hasta hoy se tenía de nuestra historia, investigaciones y excavaciones llevadas desde empresas, Ayuntamiento, Diputación (MARQ) y la Universidad de Alicante.

Autor Pedro Mas. Archivo Alicante1850

Buscando los orígenes de la ciudad

En el municipio de Alicante se conservan restos urbanos de época ibero-púnica y romana. En Benalúa, en la Bahía dels Antigons (hoy Avenida Óscar Esplá y Avenida Catedrático Soler), existió un enclave portuario romano de gran importancia prácticamente único en el Sureste peninsular. Otros vestigios de época romana se hallaron en la sierra de Fontcalent (Rosser: 2014). Pero el patrimonio más relevante se conserva en L’Albufereta, en el Tossal de les Basses y Tossal de Manisses.

En la elevación del Benacantil se conservan restos materiales de diferentes épocas, casi todos ellos con función de Castellum. En las laderas de este accidente geográfico se han exhumado tumbas tardoantiguas, de la misma época que las que se han encontrado en el edificio del Archivo Municipal de Alicante. En el solar del actual CEIP San Roque, en el casco antiguo, se localizó un complejo religioso de tipo rupestre -cuyo restos excavados en la roca- han perdurado hasta nuestros tiempos y que el arqueólogo municipal, describe como un complejo religioso de tipo rupestre, con hornacinas y oratorio cristiano cuyo interior se organiza en siete hornacinas en arco o columbarios tardoantiguo. Estos restos hacen suponer la irrupción del cristianismo en nuestras tierras desde al menos los siglos V-VI d.C. (Rosser: 2011).

Los musulmanes y el agua

El castillo de época musulmana fue, a partir del s. IX d. C., un centro no solo defensivo de la madina sino también de administración de un amplio territorio. La defensa de la urbe se completa en la fachada marítima por una muralla con torres y con difícil acceso por el desnivel pronunciado de la topografía del monte. La puerta Ferrisa era la entrada a la madina que se conservó en su totalidad hasta 1858.

En la zona extramuros se encontrarían los cementerios y el barrio alfarero, además de alquerías como ocurría en las vecinas urbes (Quiles: 2003) o almunias (casas señoriales de campo) próximas a la ciudad, que controlarían las huertas periurbanas de explotación de cultivos irrigados por un sistema de riego complejo.

La primitiva urbe almohade se extiende hasta la dominación cristiana a mediados del siglo XIII. La necesidad de agua para abastecer la ciudad requirió captar aguas desde el monte de Benacantil y de otras zonas próximas, además de aprovechar las aguas pluviales mediante la construcción de aljibes y pozos excavados en la roca.

El aprovisionamiento de agua de afluentes, está documentado en el Camp d’Alacant en la actual zona de la Condomina y L’Albufereta de Alicante y en los municipios de Sant Joan d’Alacant, Mutxamel, El Campello, Agost y Sant Vicent como ocurre en las vecinas ciudades de Elche, Orihuela, (San: 2007) Crevillente y Murcia. Pronto, tras este sistema de riego, la huerta periurbana estaría formada por un amplio y rico abanico agrícola y hortofructícola con algún que otro cultivo de secano, cuyos productos eran vendidos en los mercados.

Pero el proyecto más importante de abastecimiento urbano fue sin duda la traída de agua de fuentes y manantiales dulces alejados, siendo necesario crear una red de infraestructuras hidráulicas de extracción (pozos y norias) y de conducción a través de acequias, qanats y acueductos, para abastecer agua a toda la población que se asentó en el monte Benacantil. El agua sería conducida por una red de acequias jerarquizada desde la denominada acequia Mayor. El suministro de agua llegaba a la urbe desde los manantiales de la Fuensanta y de la Goteta (Rosser: 2012).

El manantial de la Goteta

Las fuentes de la Goteta estarían localizadas en las inmediaciones del barranco del Bonhivern (en el barrio de la Sangueta donde se encuentra el centro comercial) y regarían tanto los campos de esa zona como los huertos del Raval Roig. Los caudales hídricos serían conducidos por acueductos, puentes y acequias y depositados en balsas, de las cuales quedan visibles numerosas estructuras. Una vez entraba en la madina islámica, cruzaba la muralla, haciendo un recorrido paralelo al litoral por la calle d’En Mig (prolongación a la calle Balseta) hasta que llegaba al Torreón de la Pólvora y de ahí, atravesaba el otro brazo de la muralla que descendía hacia la puerta Ferrisa (Quiles, 2007; Rosser: 2012). Este lugar es conocido por todos como la plaza del Puente, topónimo relacionado posiblemente con el paso de agua y que se ha conservado hasta nuestros días.

El manantial de la Fuensanta

Tras la ocupación cristiana el abastecimiento de agua se amplió con el aprovechamiento de los recursos hídricos ubicados en el monte Tossal -hoy complejo deportivo- donde destacaba el manantial de la Fuensanta. El monte Tossal guardaba en el corazón del mismo una extraordinaria fuente de agua dulce, que tras la ocupación cristiana, pasó a llamarse de la Fuentesanta. Esta fuente abasteció todos los campos del huerto de Valladolid, ubicado en las inmediaciones del monte Tossal hasta los campos más próximos al enclave musulmán, incluyendo el huerto de la Sueca y los arrabales alfareros. Cuando se construye la villa cristiana facilitan su acceso por la puerta de la Huerta (actual Plaza de San Cristóbal) a través de un acueducto (Rosser: 2012).

Fuente de la calle Villavieja Alicante. Grabado del s. XIX de los hermanos Rouargue. Archivo Municipal de Alicante AMA

Los señores del agua

La toma de Alicante por Alfonso X implicó un conflicto bélico y un abandono de parte de su población islámica. A pesar de este sombrío panorama en nuestra ciudad, había dado comienzo una nueva etapa para los colonos donde el campo y el agua serán controladas por las nuevas fuerzas de la nobleza.

A partir del siglo XVI las tierras de labradores cambian de dueños y pasan a manos de comerciantes extranjeros formando nuevas colonias en las tierras mejor irrigadas que, junto con la nobleza y el clero, se convertirán en los señores del agua, privilegio que será heredado de generación en generación.

Los recipientes góticos de agua

Durante el reinado de Fernando de Aragón se estaban finalizando las obras de la Iglesia de Santa María, el templo cristiano de época tardo-gótica (segunda mitad del siglo XIV y finales del siglo XV). Este edificio conserva en la bóveda del ábside, en su centro, el escudo oficial del rey don Fernando de Aragón, donde no se reflejaba aún, el símbolo de la toma de Granada de 1492 por los Reyes Católicos (Azuar, Bevià, Menéndez et alii: 2005).

En los años 1993 (Borrego y Saranova: 1994) y 2003, se practicó la intervención extensiva arqueológica de la cubierta central de la iglesia de Santa María de Alicante, dejando al descubierto varias cosas: por un lado, confirmando que la nave central se construyó y se cerró bajo el reinado de los Reyes Católicos, en la horquilla de finales del siglo XV hasta las primeras décadas del siglo XVI y por otro, la técnica de construcción de la obra desde el ábside (Azuar, Bevià y Menéndez: 2005).

Otra gran aportación de estas dos excavaciones arqueológicas fue el valiosísimo conjunto de cerámicas de gran, mediano y pequeño tamaño que se fabricaron prácticamente todas en Paterna (más de 450 piezas). Los maestros de obra, Vicent Cubelles y Rufes (Bevià y Varela: 1994) las reutilizaron como rellenos en las cubiertas para aligerar peso. Las tinajas de gran formato, antes de acabar como elemento de obra, sirvieron en origen para el transporte y otras, como almacenaje permanente en bodegas o en los propios almacenes que tenía el puerto alicantino (Menéndez: 2005). En cambio, las cerámicas de mediano y pequeño porte como son ollas, cántaros y cerámicas de uso higiénico y doméstico que utilizaron los alicantinos en sus viviendas antes de su reaprovechamiento en la obra, servían como recipientes para el agua, para utilizar en la cocina y como servicio de mesa.

Uno de los principales conjuntos cerámicos que aparecen en las bóvedas de Santa María son contenedores caseros de agua y otros líquidos, que fueron utilizados en la cocina y en la bodega. Las cerámicas decoradas de forma especial se encontrarían en otras dependencias de la casa como refrescadores y dosificadores de agua.

Posiblemente la forma de cántaro, que tendría un tamaño medio de 12 litros, se destinaba al almacenaje de agua de mayor duración, aunque también se asocian al servicio de la mesa. Los cántaros estarían repartidos por la vivienda con usos, como el baño, la lavandería, la propia cocina, la despensa de productos e incluso, algún taller de uso industrial. Entre estas formas encontramos la jarra-jarrita (dos asas), el jarro-jarrito (un asa) y los cántaros, evolución más que directa de las jarras almohades de última época con una producción variada de formas y motivos decorativos que la convierten en la pieza medieval por excelencia y que continuaron fabricándose hasta el siglo XVI (Menéndez: 2005).

En las formas de uso arquitectónico se pudo constatar el sifón cerámico sanitario más antiguo de Europa, datado de finales del siglo XIV y principios del XV, de dos aberturas hoy expuesto en el Museo Arqueológico Provincial de Alicante (MARQ). Este tipo de piezas se colocaba en la parte inferior de la tubería vertical principal donde recibía el agua y la dividía hacia dos canalizaciones horizontales opuestos (Menéndez: 2005; 2012).

Reconstrucción virtual de la Puerta Ferrisa a través de Crónica de Viravens y Pastor (1876). Fuente: Mas y Quiles 2014a, 2014b y 2015. Autor Pedro Mas. Archivo Alicante 1850

El urbanismo y fuentes barrocas

En la Edad Moderna durante nueve días seguidos del mes de julio de 1691, la ciudad sufrió la mayor destrucción bélica por la armada francesa. Atacaron por la costa y bombardearon la capital, quemaron y destruyeron el Ayuntamiento medieval donde se encontraba el Archivo Municipal y todos los documentos medievales y modernos que atesoraba y además, hurtaron en las iglesias. Este acto bélico generó muchas pérdidas humanas y materiales, así como una inmensa conmoción y desolación en la ciudadanía alicantina. La represalia no tardó en manifestarse arrasando los bienes de la colonia de comerciantes franceses, y que más tarde, sería expulsada de la capital por decisión municipal (Sáez: 1985).

Uno de los edificios que subsistió en este conflicto fue el edificio de la Asegurada, hoy Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA). Esta construcción datada de 1685 se considera el edificio civil más antiguo del centro histórico. El inmueble es un ejemplo de la arquitectura barroca valenciana, diseñado como granero municipal o pósito de trigo. En la planta baja se situaban los almacenes de la harina; en el primero, las oficinas y en el segundo, el granero. Con la destrucción del Concejo Municipal pasó a ser sede del Palacio Consistorial y en algún momento, Parque de Artillería y Cárcel. En 1845 fue convertido en Instituto de Segunda Enseñanza y en 1893, pasó a ser Escuela Profesional de Comercio.

Reconstrucción virtual del Paseo de La Reina con fuente. Autor Pedro Mas. Archivo Alicante 1850

La destrucción de la ciudad en 1691 y la ocurrida posteriormente entre los años 1706 y 1709 (explosión de la mina durante la Guerra de Sucesión), dejaron secuelas físicas en el conjunto de edificaciones, algunos seriamente dañados y otros, totalmente destruidos, cuya ciudad había quedado con un aspecto fantasmagórico. Una de las ideas renovadoras del urbanismo barroco en Alicante fue, entre otras, la construcción de fuentes de carácter monumental con el fin de satisfacer las demandas de abastecimiento y conducción de agua a los distintos barrios de la capital y ornamentar la ciudad (Sáez: 1985).

Después del primer cuarto del siglo XVIII se procedió a retomar la limpieza de la Acequia Mayor encargada al maestro cantero Felipe Terol, y a la construcción de fuentes ornamentales tan singulares como la fuente de la Plaza de las Barcas (1737), la fuente de la Plaza Ramiro (1743-1749), la fuente del Muro (1749), que hoy estaría en las proximidades de la actual calle Antonio Galdó Chápuli, la fuente de la Plaza del Hospital Nuevo (1754) y la fuente de la Villavieja (1758) (Sáez: 1985).

A partir de la segunda mitad del XVIII se construyó la fuente de la Plaza de San Cristóbal (1768), la fuente Portal de Elche (1768) y la fuente de la Calle San Vicente (1768). Mientras concluían las obras del Ayuntamiento se erigió la fuente para su plaza (1770). Posteriormente, se levantó la fuente de San Nicolás (1778) (Castells y López: 2009).

Abastecimiento de agua durante la segunda mitad del siglo XIX. Autor Pedro Mas. Archivo Alicante 1850

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